domingo, 25 de septiembre de 2011

Una investigación pone de manifiesto que un gran número de mujeres experimentan un aumento en los síntomas obsesivos compulsivos inmediatamente tras e


Muchas nuevas madres se sienten un poco ansiosas al cuidar a sus bebés. Pero a veces, esa preocupación se convierte en una obsesión sobre todas las cosas que pueden salir mal. Los expertos llaman a esa afección trastorno obsesivo compulsivo (TOC) postparto. Puede llevar a las mujeres a tomar medidas extremas para evitar que sus miedos se vuelvan realidad, como bañar a su bebé repetitivamente para mantener los gérmenes a raya o negarse a coger al bebé por temor a que se le caiga.

Aunque la depresión postparto obtiene mucho más atención, el TOC postparto también puede resultar nocivo para madre e hijo, afirmó Kiara Timpano, profesora asistente de psicología de la Universidad de Miami, en Florida.

"Desear proteger al niño y mantenerlo a salvo es una parte muy normal de la crianza", dijo Timpano. "Lo que sucede con el TOC es que esa vigilancia natural se exacerba en exceso. Las madres con TOC no solo se preocupan excesivamente, sino que sus pensamientos las angustian tanto que intentan controlarlos con conductas rituales o repetitivas", explicó Timpano.

No se sabe qué provoca el TOC, pero las mujeres que han tenido trastornos de ansiedad o TOC antes de dar a luz son más vulnerables, apuntó Timpano. Tener un bebé es una enorme transición vital acompañada por inmensos cambios hormonales y fisiológicos, lo que podría contribuir.

Para ver si el TOC postparto se puede prevenir, Timpano y colegas reclutaron a 71 madres que reportaron tener ansiedad significativa antes del parto, aunque no un trastorno de ansiedad.

Las madres se inscribieron en una clase normal de parto, o en una clase que enseñaba las señales de advertencia del TOC y técnicas para afrontar los síntomas. Se les dio seguimiento uno, tres y seis meses tras el nacimiento del bebé.

Las madres de la clase de la intervención presentaron menos ansiedad y desarrollaron mejores habilidades de afrontamiento para manejar sus "pensamientos obsesivos" que las madres en la clase normal, según el estudio que aparece en la revista Journal of Psychiatric Research.

El TOC puede ser difícil de tratar, aunque la terapia cognitivo conductual, que enseña a las personas formas de manejar y cambiar sus pensamientos preocupantes, puede ayudar. Algunas mujeres también tienen depresión junto al TOC postparto, y los antidepresivos también podrían aliviar los síntomas, dijo Timpano.

Fuente:psiquiatria.com

Las consultas por estrés postvacacional pueden impedir el diagnóstico de personas con enfermedades "reales".


La vuelta al trabajo después de las vacaciones puede provocar en muchas personas sentimientos de ansiedad, estrés o tristeza que, sin embargo, no deben relacionarse con una depresión u otra enfermedad "real" ni ser motivo de consulta médica, ya que pueden "impedir el buen diagnóstico y tratamiento de personas que sí necesitan realmente atención médica".

Así lo asegura el coordinador del Grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), José Ángel Arbesú, quien destaca que "patologizar" la vida cotidiana es un agravio comparativo con la depresión, una enfermedad "real y grave" que afecta a seis millones de españoles.

A su juicio, es mejor "no acudir al médico porque sintamos desánimo, cansancio o falta de ilusión de forma pasajera en septiembre, porque todo cambio de rutina conlleva un periodo adaptativo de unos días de duración que suele desarrollarse sin que aparezca enfermedad depresiva".

El psiquiatra Javier García Campayo, del Hospital Miguel Servet de Zaragoza, va más allá y asegura que este "falso síndrome" es una "moda injustificada" que, "de alguna manera, refleja el hedonismo de la sociedad que apenas soporta obligaciones o compromisos, incluso diría que es una manera de justificar el absentismo laboral que, por cierto, en España es el más alto de Europa".

"Una depresión es una enfermedad real que produce mucho sufrimiento, exige que durante más de dos semanas el paciente esté la mayor parte del tiempo con ánimo bajo, incapaz de disfrutar de lo que le rodea, sin ganas de hacer nada, frecuentemente con pérdida de peso, así como con ideas de muerte, desesperanza, miedo... Esto sí requiere un tratamiento médico", asegura García Campayo.

Además, apuntan que desde una perspectiva puramente social, y ante la situación económica actual, hablar en estos términos es "perjudicial y poco solidario" con los españoles que en estos momentos están viviendo procesos de desempleo o situaciones laborales negativas, hechos que sí pueden desembocar en trastornos del ánimo.

"Lo peligroso es confundir a la opinión pública, ya que habrá personas que sí se enfrentan a un nivel de ansiedad preocupante, que puede enmascarar un trastorno del ánimo real, pero esto no tiene nada que ver con haber estado de vacaciones o no", advierten.

En cualquier caso, y a fin de evitar la sensación de tristeza o estrés al volver de vacaciones, ambos expertos proponen que mantener una actitud positiva, ser realistas, dedicar tiempo para el ocio a diario y cultivar aficiones, entre otras cuestiones.

Fuente:psiquiatria.com

domingo, 11 de septiembre de 2011

Videojuegos: tentación de bolsillo


La portabilidad de los smartphones, unida a su precio cada vez más bajo y a las principales características de los video-juegos (sencillos y cortos), ha desatado un auténtico boom de estos populares pasatiempos. Solo hay que ver cuáles son las aplicaciones más descargadas en la tienda de Apple. Pero el desarrollo de este fenómeno, la nueva era dorada que viven los videojuegos gracias al acceso constante a internet, abre a su vez el debate sobre la posibilidad de abusos. Aunque clínicamente no se pueda hablar todavía de adicción patológica, el hecho de unir al video-juego clásico la posibilidad de llevárselo a todas partes con los teléfonos inteligentes y tener libre acceso para descargar nuevas aplicaciones y jugar en cualquier rato libre eleva el factor de riesgo.

Línea 5 del metro de Barcelona. En la estación de Verdaguer, una treintena de personas esperan el convoy en sentido Cornellà Centre. Seis de ellas lo hacen con el móvil en la mano. A simple vista es difícil distinguir si consultan el correo, contestan un SMS o están jugando. En cambio, observando su expresión facial se puede descubrir quién juega y quién no. Un joven de unos 30 años se muestra tensionado, los brazos rígidos sujetan el móvil con las dos manos, su rictus es de concentración absoluta. Todo indica que está jugando. El hecho que acaba disipando cualquier duda es el súbito movimiento lateral que realiza con todo su cuerpo, como si estuviese tomando una curva a gran velocidad con un coche.

ENSIMISMADOS / Llega el tren y el joven, sin levantar la cabeza del teléfono, se pone en pie y entra por la puerta del convoy. Apoyándose en una de las barras metálicas, prosigue su partida. Otros usuarios muestran la misma actitud, todos ensimismados con su teléfono. Hasta una docena se pueden contabilizar en un mismo vagón de metro entre Diagonal y Sants Estació. Pasada esa estación el metro se va vaciando y no es tan evidente la presencia de jugadores. Cuando la megafonía anuncia que la próxima estación es la de Badal, el joven jugador levanta la cabeza sobresaltado y lanza un exabrupto. Se ha pasado de parada. Esta situación, que se puede ver a diario en cualquier línea de metro y a cualquier hora del día, no es sino un reflejo de la capacidad de atracción de los videojuegos.

A pesar de estos indicios, Juan José Santamaría, psicólogo investigador de la unidad de juego patológico del Hospital de Bellvitge, considera que aún no es el momento de sacar conclusiones sobre los posibles efectos que se puede generar este nuevo boom de los videojuegos: «Todavía es pronto para hacer valoraciones. Lo que tenga que suceder empezará a verse a medio plazo, en unos tres o cuatro años».

Otro terapeuta, Carlos González Tardón, psicólogo especializado en el sector y creador de la asesoría on line People & Videogames, admite que es posible un aumento de problemáticas vinculadas al videojuego con la proliferación de smartphones: «Cuanta más posibilidad haya de uso más fácil será el abuso». De la misma opinión es José Fernández, de la asociación Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS), aunque se muestra cauto ante la posibilidad de que el abuso pueda derivar en adicciones: «A la gente le gusta utilizar mandos, y la pantalla grande, y eso los móviles no te lo dan. Los realmente peligrosos son los juegos on line, los multijugador».

LOS BENEFICIOS / Aunque no todos los argumentos utilizados son en contra de los videojuegos. González también destaca sus beneficios: «El hecho de que la población juegue es bueno para reactivar ciertas partes del cerebro. Angry Birds exige una capacidad de cálculo tremenda. No por ser más sencillo tiene que ser menos beneficioso». Para él, la clave es el concepto de adicción. «La gente llama adicción a lo que simplemente es un abuso».

En el ámbito académico se huye por completo de los augurios apocalípticos sobre el consumo de videojuegos y se prefiere centrar la atención en las claves de su éxito: «Su simplicidad, tener un único objetivo y unas normas sencillas que todos pueden llegar a entender», señala el doctor Iván Gómez, profesor del grado de Cine y Televisión de la Facultad de Comunicación Blanquerna. Su compañero el profesor Lluís Anyó, especialista en videojuegos, va más allá: «Son fáciles de aprender, y por tanto muy útiles para llenar el viaje en metro. Son oportunos para desplazarte de forma entretenida. Eso los convierte en un excelente pasatiempo, no en algo adictivo».

UN GRAN NEGOCIO / Trastorno patológico o simple entretenimiento, lo que está claro es que el fenómeno está en la calle. No hay más que ver las cifras para entender que gracias a la abundancia de teléfonos con acceso a internet se ha disparado el consumo de videojuegos. En la tienda de Apple, Angry Birds y Tetris se encuentran entre las cinco aplicaciones más bajadas. Otro juego, Push Cars, ha conseguido un millón de descargas en menos de un mes. PEGI, el organismo europeo que cataloga los videojuegos en función de la edad, lanzó una utilidad para iPhone, a la vista de la cantidad de descargas que se realizan anualmente.

PEQUEÑOS ESTUDIOS / El doctor Iván Gómez vuelve a dar las claves: «Las compañías han visto que desarrollar aplicaciones de todo tipo, entre ellas videojuegos para móvil, es un gran negocio». La novedad es que estos juegos no son producidos por grandes multinacionales, sino por empresas locales que han sabido llegar al gran público.

Una de ellas es Ideateca, fundada en Bilbao y especializada en videojuegos y aplicaciones para móviles, que ha conseguido más de 15 millones de descargas en todo el mundo. Según su fundador, Eneko Knörr, este es uno de los principales motivos del boom: «Ahora apenas hay que invertir para tener un buen producto. La distribución es directa, sin intermediarios. Además, los juegos que se llevan son simples. Nadie pide juegos en 3D, sino casual games. Pequeños estudios pueden vender juegos a nivel mundial».

Fuente:elperiodico.com

domingo, 28 de agosto de 2011

Imposible desconectar


Seguramente a usted también le ha ocurrido. Estar en un bar o en una reunión de amigos y que uno de los presentes se excuse, móvil en mano, porque tiene que hacer una gestión relacionada con el trabajo. Pero hay veces en que, en algún momento del camino, la profesionalidad deja de serlo para convertirse en adicción del trabajo. Algo que, si bien no puede catalogarse como enfermedad, en algunos casos alcanza extremos patológicos.

Como explica Juan José Santamaría, psicólogo investigador de la unidad de juego patológico del Hospital de Bellvitge, el trabajo nunca se ve como algo negativo, por lo que a las personas que siguen este patrón -a las que se suele considerar triunfadoras profesionales- «no se las presiona socialmente para que cambien de hábitos». De esta forma, se torna complicado que el propio afectado o su entorno decidan que necesita ayuda. «Apenas recibimos casos de este tipo», reconoce Santamaría.

«Todos conocemos a alguien así», señala Jorge Flores, presidente de Pantallas Amigas, quien destaca que estar permanentemente contestando a correos del trabajo, desde cualquier lugar, «pone de manifiesto un problema». Flores también alerta sobre la gente que está enganchada a «contar su vida en directo» a través de las redes sociales. Todo ello de la mano de los smartphones.

Las maneras de acceder a la red están cambiando y, con ellas, las pautas de comportamiento de los adictos al trabajo. Hasta hace unos años «era impensable poder conectarse a internet desde la playa», subraya José Fernández, psicólogo terapeuta de la entidad Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS). Así, las fronteras entre la vida personal y la dedicación laboral se van diluyendo poco a poco.

En opinión de César Castel, director de operaciones de Adecco Professional, «donde está el peligro real» no es tanto en el acceso a internet en general como en los móviles que permiten ese acceso, cada vez más utilizados también en el mundo profesional. Aparatos que se anuncian con el elocuente reclamo de poder llevar la oficina encima. Según él, la gestión del tiempo es crucial. «Hay que saber hasta dónde llega la obligación con la empresa y aprender a acotar los tiempos. Estar contestando un correo de trabajo no es sano, salvo que se trate de casos excepcionales». Lo contrario sitúa al trabajador bajo una «presión psicológica continua».

Predicar con el ejemplo

«A pesar de todo, la persona tiene filtros para establecer límites», cuenta Fernández. Como desconectar el móvil fuera del horario laboral. Aunque, con la que está cayendo en el mercado de trabajo, quizá cada vez sea más fácil optar por lo contrario y decidirse a contestar a ese correo.

La solución pasa por educar. «Que la empresa marque pautas y dé ejemplo desde arriba, no enviando correos mucho después de que termine el horario de oficina ni en fines de semana. Que el trabajo termine realmente el viernes por la tarde y no vuelva a empezar hasta el lunes por la mañana», propone Castel.

Fuente:elperiódico.com

Adictos a las redes sociales


Si usted utiliza habitualmente los transportes públicos se habrá percatado de que cada vez hay más gente consultando el móvil en el metro, o ¡incluso mientras camina por el andén! Una consecuencia de la proliferación de smartphones (teléfonos inteligentes) y de su uso y abuso es un aumento de las consultas a centros médicos para tratar la adicción a estos aparatos, que de hecho son auténticos ordenadores de bolsillo. Para los especialistas, uno de los inconvenientes que tienen estas nuevas dependencias es la dificultad de detectarlas. No afectan a la economía doméstica ni arruinan al adicto, por lo que el problema puede pasar desapercibido. Sin embargo, acaba afectando el día a día y las relaciones personales.

En la unidad de juego patológico del Hospital de Bellvitge se observa con expectación este nuevo fenómeno que cada día se hace más palpable. En la actualidad el porcentaje de personas que acuden para tratar su adicción a las nuevas tecnologías oscila entre el 9% y el 12% del total. En este campo entran videojuegos, móviles, internet... Pero la cuota de adictos a internet va creciendo progresivamente y ya está en un 2%. «Hace años que se empezó a notar, pero en los últimos tres el crecimiento es más acelerado, aunque todavía es pronto para sacar conclusiones», asegura Juan José Santamaría, psicólogo investigador de Bellvitge.

Contrariamente a lo que se pueda creer, no se trata de un problema que esté encontrando acomodo en la adolescencia, sino que se centra en una horquilla alrededor de la treintena. «Se suele iniciar sobre los 25, aunque la media de edad del paciente afectado es de 30 años», explica Santamaría. Eso no significa que gente de otras franjas de edad pueda sentirse a salvo: «Hemos tenido algún caso de 40 años, aunque no es lo habitual». El 80% son hombres. «En parte porque tendemos a ser más impulsivos, pero también porque hay una cierta estigmatización social de la mujer que sufre esta adicción, por lo que ni siquiera acude a la consulta», razona el especialista.

CIFRAS EN AUMENTO / Y en los próximos años irá a más la cosa, puesto que el uso del smartphone se está generalizando. Según un estudio de Nielsen sobre hábitos de consumo, España es el segundo país del mundo con mayor aceptación de los smartphones en la franja de edad de los 15 a los 24 años, con un 38%, por delante de países como Alemania (28%) o EEUU (33%) y solo superado por Italia, donde un 47% de los terminales de los usuarios de esas edades son teléfonos inteligentes. Más datos: el 80% de los jóvenes entre 15 y 35 años acceden cada día a una red social como mínimo. Esa cuota aumenta hasta el 93% entre los 15 y los 18.

Ante el alarmismo que suele generar un tema como este al salir en los medios, los especialistas dejan claro que el problema no está en la red social o en internet, sino en la mente del usuario: «De la misma forma que todo el mundo consume alcohol y solo afecta a unos pocos, sucede también con las redes sociales», apunta José Fernández, terapeuta de la entidad Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS). Y también insisten en la fragilidad de las informaciones que salen publicadas, ya que aunque todas apuntan a una tendencia al alza, no tienen todavía respaldo científico, puesto que la Organización Mundial de la Salud (OMS) aún no ha reconocido la adicción a las nuevas tecnologías como una enfermedad. «Todo son datos subjetivos, o bien estudios de investigación sin carácter oficial», comenta Fernández, aunque cree que «es cuestión de tiempo que se reconozcan los síntomas que produce: ansiedad, depresión, falta de sueño».

Donde ya se puede constatar un abuso de las redes sociales es en el ámbito del trabajo. Son numerosas las sentencias judiciales que tratan esta nueva fuente de conflictividad laboral. Es lo que se conoce como absentismo presencial. El trabajador está en su puesto, pero sin realizar las tareas para las que ha sido contratado. Aquí chocan dos derechos: el de la empresa a controlar ordenadores que son de su propiedad y el del empleado a la intimidad.

Como indica Yaiza Cabedo, responsable del área de formación del bufete Conesa Asociados, especializado en derecho laboral, «el hecho de tratarse de un problema nuevo ha provocado en algunos casos sentencias aparentemente contradictorias, pero que han ido perfilando unas pautas de actuación». El criterio general seguido a día de hoy es que la empresa no puede acceder a los rastros de navegación, puesto que forman parte de la esfera privada del empleado, aunque como añade Cabedo «ello no significa que no se reconozca el perjuicio que está causando a la empresa navegando en horas de trabajo».

Ante este panorama muchas empresas optan por restringir el acceso a cierto tipo de páginas. Son aquellas «con una estructura jerarquizada, donde lo importante es el tiempo que se pasa en la oficina», según César Castel, director de operaciones de Adecco Professional. En contraposición a estas existen otras, de tamaño medio, «que trabajan más orientadas a resultados y que depositan mayor confianza y libertad en el trabajador». Para Castel, el absentismo presencial tiene un trasfondo de falta de motivación, más que de adicción a las redes sociales: «Si no puede acceder a la red, el que no quiere trabajar hará sudokus o se pasará media hora al teléfono».

Fuente:elperiódico.com

domingo, 24 de julio de 2011

Los españoles más satisfechos con su vida son menos propensos a desarrollar determinadas enfermedades como estrés o depresión.


Las personas que se sienten más contentas y positivas perciben que su estado de salud es mejor y son menos propensas a desarrollar determinadas enfermedades, como depresión, estrés, insomnio, anorexia o colesterol, en contraposición a aquellas que son menos felices, que tienden a tener más presentes los problemas físicos y psicológicos que les afectan.

Según el estudio 'La felicidad y la percepción de la salud', realizado por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad y la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), se confirma la correlación entre felicidad, bienestar y salud.

El estudio, basado en las entrevistas realizadas a 3.000 españoles, revela que los problemas psicológicos afectan en mayor medida a la felicidad que los físicos. "Hemos constatado que la salud mental es un componente igual o más importante que la salud física en la percepción de la propia salud, y que los problemas de tipo psicológico están mucho más relacionados con la infelicidad que los de tipo físico", ha explicado el profesor de la Facultad de Psicología de la UCM, Gonzalo Hervás.

En este sentido, la proporción de tener una depresión en el grupo de personas más felices es nueve veces menor que en el grupo de los menos felices, y la de padecer insomnio, cuatro veces menor.

Los expertos reunidos durante la presentación han coincidido en señalar que el apoyo social, de la familia y los amigos, ante los problemas de salud y adversidades es fundamental para que las personas se sientan con mejor estado de salud y les ayuda a preservar, en gran medida, su nivel de satisfacción cuando sufren un problema de salud.

"Con este estudio hemos constatado la importancia de las relaciones sociales. La familia y los amigos, las apoyos sociales, son un elemento fundamental para sentirse bien, sano y afrontar mejor las enfermedades", ha asegurado Hervás. Además, "las personas más optimistas no ven mermada su felicidad ante la desgracia. El optimismo tiene un papel protector tanto en la enfermedad como en la reacción frente a la adversidad", apunta Hervás.

Según los expertos, el cerebro humano tiene una propensión natural a buscar el optimismo y, como consecuencia, a ayudar a las personas a ser felices, pero "la sensación de felicidad se puede conseguir con estímulos externos y con estímulos internos, podemos ser más felices potenciando, por ejemplo, nuestra capacidad de sociabilización, siendo más altruistas", ha explicado el profesor del departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica de la Universidad de Barcelona, Josep María Serra-Grabulosa.

Por su parte, el presidente del Instituto Coca-Cola de la Felicidad, Carlos Chaguaceda, ha añadido que "la felicidad se trabaja, no se puede esperar sentado en casa hasta que llegue. Por ejemplo, aquellas personas que realizan deporte regularmente son felices cuando lo hacen porque el cerebro segrega serotonina y oxitocina y genera una sensación que te hace feliz. Luego, hay que buscar lo que nos hace felices". En definitiva, "estamos programados para estar enganchados a la felicidad desde que nacemos", concluye Hervás.

Fuente:europapress.

sábado, 16 de julio de 2011

Psicólogos abogan por impedir el acceso a apuestas online desde los hogares



Dado el potencial adictivo de los juegos de apuestas online, su acceso debería estar exclusivamente permitido en locales autorizados donde fuera preceptiva la identificación del usuario y la constatación de su mayoría de edad, ha dicho a EFE el psicólogo de la Asociación Alicantina de Afectados por Ludopatía, Antonio Castaños.

Garantizar "la protección efectiva" tanto de los menores como de las personas que tienen prohibido o "autoprohibido" el acceso a los juegos de apuestas es el principal objetivo que se han marcado este tipo de asociaciones ante la nueva Ley del Juego, publicada en el BOE el pasado 28 de mayo.

Esta legislación recoge en su texto la necesidad de elaborar un reglamento de protección de menores y de otros colectivos susceptibles de adquirir hábitos de adicción patológica por el acceso y uso de los juegos de apuestas online.

Según Castaños, en la redacción del futuro reglamento deberían participar profesionales de reconocido prestigio en los ámbitos "preventivo y asistencial del juego patológico y las adicciones tecnológicas".

En declaraciones a Efe, el psicólogo alicantino ha expuesto que, previsiblemente, la idea de impedir el acceso a los juegos de apuesta online desde los hogares "no será aceptada" por la Administración.

Ante esa posibilidad, Castaños ha pedido a las empresas que explotan ese tipo de juegos que refuercen los controles de edad de sus usuarios y que eliminen los que tienen mayor potencial adictivo, como las tragaperras virtuales.

También ha subrayado la importancia de establecer un tiempo máximo de juego, así como periodos de espera prolongados entre las apuestas, y fijar una cantidad económica máxima que podría controlarse, familiarmente, mediante tarjetas prepago, como las usadas en los móviles.

El número de usuarios que realizan algún tipo de apuesta online en España aumentó el pasado año un 33 %, con "la preocupación" de que el póquer y las apuestas deportivas empiezan a ser "una moda" entre los jóvenes, según Castaños.

El acceso a las apuestas por Internet "desde casa y con sólo apretar un botón", su amplia oferta, "con un mercado mundial de juegos", su permanente disponibilidad y la facilidad para "esconderlas", pues los adolescentes "se encierran en sus cuartos, donde tienen el ordenador", son factores que "facilitan" ese aumento de usuarios. EFE

Fuente:abc.es

Uno de cada cuatro usuarios de internet es adicto a las nuevas tecnologías


Un congreso aborda en Valencia el uso abusivo de las redes sociales, las obsesiones creadas en torno al trabajo y la adicción a las compras

Cada sociedad lleva aparejadas sus propias obsesiones y adicciones. Y a la actual la acompañan las conductas adictivas propias de un momento de máximo auge de las nuevas tecnologías. Y la Comunitat no es ajena a esta realidad. Cada vez son más quienes no pueden vivir sin estar atados a un teclado, ya sea de un ordenador, o del más sofisticado teléfono. No es menor la dependencia de las redes sociales como medio de relación.

«Uno de cada cuatro valencianos usuario de internet sufre alguna adicción a las nuevas tecnologías», tal como señala Javier Carbonell, psicoterapeuta director del centro Síndrome y del congreso que hoy bajo el título «Las nuevas adicciones y obsesiones del siglo XXI» se celebra en Valencia.

Este foro, que reunirá a psicólogos y otros expertos en el tratamiento de adicciones, debatirá sobre los problemas que comporta el uso abusivo de nuevas tecnologías y redes sociales, así como los derivados del consumo de sustancias, el juego patológico, y la adicción al sexo, las compras o el trabajo, entre otras.
En definitiva se trata de una jornada en la que, como explica Javier Carbonell, se analizarán las conductas y obsesiones que se incluyen en «adicciones conductuales» y que también se conocen como «socioadicciones».

Carbonell destacó que estas situaciones, que los expertos ya llevan tiempo viendo llegar a las consultas como un problema que afecta a muchos, todavía no están incluidas «en el catálogo de enfermedades psiquiátricas». Los profesionales implicados luchan por conseguir esa consideración para el uso abusivo de nuevas tecnologías y redes sociales, así como para la ludopatía, las compras compulsivas o la obsesión por el trabajo.

Entre las cifras que barajan los organizadores de la jornada programada para hoy llama la atención que en el «último año se ha duplicado» el resultado de jóvenes valencianos adictos al juego on line. Otra de las realidades que ha despertado la preocupación de los terapeutas nace del hecho de que un 15% de menores usuarios de internet «se han reunido con desconocidos con los que contactaron a través de internet. Un 30% reconoce haber dado su número de teléfono a desconocidos».

Carbonell hace hincapié en que en muchas ocasiones las adicciones no llegan solas. Unas pueden llevar a otras en la misma persona. Uno de los datos que valoran los organizadores del congreso se que prácticamente todos los «adictos al juego lo son a otras sustancias como alcohol, tabaco o drogas». El director del congreso aseguró que con el análisis de todas estas cuestiones los especialistas persiguen «un cambio que agite las conciencias para dar a conocer la existencia de estas patologías y que son tratables.

Fuente:lasprovincias.es

domingo, 3 de julio de 2011

La adicción a la pornografía


Desde hace pocos años, e incluso meses, se ha venido haciendo cada vez más difícil pasar por alto la cantidad de hombres de gran visibilidad que han tenido comportamientos sexuales autodestructivos. Algunos hombres poderosos han sido sexualmente voraces durante mucho tiempo, pero, a diferencia de hoy, entonces eran mucho más discretos y generalmente eran capaces de encontrar la manera de no dejar rastro.

Hoy día, la capacidad de la tecnología para dejar al descubierto conductas privadas es, en parte, el motivo de este cambio. De hecho, la razón por la que muchos de los hombres que se han visto atrapados en escándalos de tintes sexuales es porque se han expuesto a sí mismos en ocasiones literalmente mediante mensajes de móvil, Twitter y otros medios indiscretos. ¿Qué hay detrás de esta extraña actitud desinhibida? ¿Podría la disponibilidad y el consumo generalizado de porno estar reescribiendo el cerebro masculino, afectando su juicio sobre el sexo y provocando que tengan mayores dificultades para controlar sus impulsos?

Cada vez hay más pruebas científicas que sostienen esta idea. Hace seis años, escribí un ensayo titulado El mito del porno, en el que señalaba que los terapeutas y consejeros sexuales estaban comenzando a asociar el incremento del consumo de pornografía en los hombres jóvenes con un aumento de casos de impotencia y eyaculación precoz en ese mismo grupo de edad. Se trataba de jóvenes saludables sin patologías físicas ni psicológicas que pudieran justificar una disfunción sexual.

La hipótesis de los expertos era que la pornografía estaba insensibilizando de forma progresiva la sexualidad de esos hombres. Dados los efectos de esta insensibilización en la mayoría de los sujetos masculinos, los investigadores descubrieron que estos necesitaban unos niveles superiores de estimulación para conseguir el mismo nivel de excitación. Los expertos que entrevisté por aquella época especulaban con que el uso del porno estaba insensibilizando a jóvenes saludables hacia el atractivo erótico de sus propias compañeras.

Desde entonces se han ido recogiendo datos sobre el sistema de recompensa cerebral con el fin de explicar este cambio con mayor concreción. Hoy día sabemos que el porno estimula en un plazo muy corto la segregación de dopamina en el cerebro masculino, lo que afecta al humor, provocando una sensación de bienestar que perdura una o dos horas. El circuito neuronal que se produce es idéntico al de otros estímulos como el juego o la cocaína.

El potencial adictivo es también idéntico: así como los jugadores y los consumidores de cocaína pueden volverse compulsivos, y necesitan jugar o esnifar cada vez más para conseguir segregar la misma cantidad de dopamina, los hombres que consumen pornografía pueden llegar a engancharse a esta. De la misma manera, como sucede con otras sustancias de recompensa, tras el estímulo de dopamina el consumidor se siente deprimido, irritable, ansioso y deseoso de conseguir la siguiente dosis. Hay nuevas evidencias, descubiertas por Jim Pfaus, de la ConcordiaUniversity de Canadá, que apuntan a que la desensibilización podría afectar también a las mujeres.

Este efecto de la dopamina explica por qué el porno tiende a ser más y más duro: las imágenes sexuales comunes han perdido finalmente su poder, llevando a los consumidores a necesitar nuevas imágenes que rompan tabúes de otros tipos con el objetivo de alcanzar la misma satisfacción. Además, algunos hombres (y mujeres) tienen lo que se denomina "agujero de dopamina". Sus sistemas de recompensa cerebral son menos eficientes, lo que les predispone a convertirse en adictos a un porno cada vez más extremo con mayor facilidad.

Como con cualquier adicción, resulta muy complicado, por razones neuroquímicas, dejar de tener comportamientos (incluso muy autodestructivos) que permitan obtener más dopamina. ¿Podría ser por este motivo por el que hombres que en el pasado podían mantener sus affairs a puerta cerrada no pueden ahora resistir el impulso de mandar un mensaje de móvil que sea incluso autoincriminante? Si esto es así, no es que algunos hombres sean demonios o amorales, sino adictos que han perdido el control sobre sí mismos.

Esto no quiere decir que no sean responsables de sus conductas. Pero podría tratarse de un tipo diferente de responsabilidad: la de comprender el poderoso potencial adictivo del uso de la pornografía, con el fin de recibir orientación psicopedagógica o medicación si la adicción comienza a afectar a la pareja, a la familia, a la vida laboral o al propio juicio.

Por ahora, existe un modelo efectivo y detallado para desenganchar a los hombres adictos al porno y restituirles a un estado mental más equilibrado, en el que estén menos expuestos a la merced de sus obsesiones. Comprender cómo la pornografía afecta al cerebro y causa estragos en la virilidad masculina permite hacer mejores elecciones en lugar de llegar a un estado de autodestrucción sin fin o a una reacción de rechazo colectiva, en una sociedad cada vez más adicta a lo extremo.

Fuente:publico.es